Vamos a mostrarte una serie de películas sobre fobia social que no te puedes perder.

La fobia social, el temor a contactar con los demás, a mostrar sentimientos, a actuar como realmente desearíamos y la inseguridad y ansiedad que experimentamos por ello (en sus intensidades variables), también se plasman en el cine a través de tiernas y en ocasiones desgarradoras historias. Os presentamos una selección de películas que reflejan las dificultades que experimentan las personas que se sienten extremadamente tímidas, aisladas o carentes de habilidades sociales para relacionarse, en definitiva, con la vida.

Elling

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“¡Lo diferentes que son las personas!, algunas esquían solas en el polo sur y yo necesito reunir todo el valor que pueda para cruzar el comedor de un restaurante… Esto debe ser lo que llaman ensanchar límites.”

La película noruega del 2001 refleja el ejercicio de reaprendizaje y autosuperación que tienen que llevar a cabo dos personas tras la salida del psiquiátrico en el que estaban internos. Elling se nos presenta como un hombre sobreprotegido por su madre, y que ahora observa la vida y su interacción con ella como algo de lo que tiene que protegerse. Y con todo ello, nuestro personaje tendrá que compartir apartamento con otro compañero, Kjell Bjarme, un grandullón obsesionado con la comida y el sexo.

Entre los dos surge una relación muy interesante con la que empezarán a aprender a insertarse en la sociedad y conseguir experimentar vivencias cotidianas. A través de la comedia, en la historia quedan patentes el miedo a la crítica, la desaprobación, el temor extremo al rechazo o a ser avergonzado, y esa impresión de ser poco interesantes a los ojos de los demás que hace que nos sintamos inferiores a ellos y que provoque en nosotros esas vivencias de ansiedad, ganas de evitar o la necesidad de permanecer en la sensación de seguridad.

El discurso del rey

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¿Hace el rey lo que él desea o lo que cree que el pueblo desea que haga?

Este conocido film retrata la vida íntima de Jorge VI de Inglaterra. Nuestro personaje, encarnado por Colin Firth, ya de príncipe desconfía de sí mismo, se siente bloqueado, incapaz de hacer frente a la exigencia y contentar esa imagen que se espera de él a causa de la tartamudez o disfemia que le aqueja. Apoyado por el impulso que ejerce en él su esposa Isabel, busca ayuda sin éxito en profesionales para corregirlo, hasta dar con un logopeda llamado Lionel Logue que desarrolla con él técnicas poco ortodoxas.

El camino que establecen los dos personajes será un viaje por la frustración que supone creerse un ser erróneo, las ganas de trabajar con uno mismo, el valor y la perseverancia, la constancia, y lo que simboliza un proceso terapéutico (inclusive recaídas).

En el momento de ascender al trono, Europa pasa por una época convulsa y el país se encuentra al borde de la guerra, el pueblo necesita desesperadamente un líder. Es en este momento cuando queda representado el miedo a creer estar jugando un papel que no le corresponde, en definitiva, un viaje por el temor y bloqueo que supone en las personas la asunción de nuevas responsabilidades, y cómo mermamos o ampliamos nuestros roles en base a determinadas creencias.

Zelig

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Otra película sobre fobia social. Mientras que las demostraciones y fiestas mantienen ricos y divertidos a su hermana y al amante, Zelig lleva una existencia… inexistente. Carente de personalidad y con sus cualidades humanas perdidas en la vorágine de la vida, se siente solo, mirando fijamente al espacio, como si fuera un cero a la izquierda o un fenómeno actuando. Él, que no quería sino acomodarse, pertenecer, ser ignorado por sus enemigos y ser amado… ni está acomodado, ni pertenece; sus enemigos lo vigilan y nadie se preocupa por él.

Woody Allen con esta película nos sumerge en la época del charlestón de la América de finales de los años 20, en la que en un principio lo único que sabemos de Zelig es que es un hombre que, a falta del afecto de su familia se termina reinventando en una persona que se sabe adaptar allá donde vaya y con quiénes esté, preservando su anonimato dentro de la multitud. Es un camaleón que cumple el deseo íntimo de toda persona con fobia social: conseguir ser aquel que se desea ser en cada momento con el objetivo de ser aceptado socialmente.

El director, en su característico humor, a lo largo del film nos presenta un personaje reservado, atormentado y perdido que termina sometiéndose a una terapia en la que trabajar la búsqueda de su propia identidad, hasta entonces negada y sometida a la asunción de otras personalidades. Un repaso por los mecanismos defensivos que en ocasiones podemos desarrollar ante las adversidades del pasado, y la importancia del reconocimiento y expresión de emociones para conocerse a sí mismo y ser conocido por los demás.

Lars y una chica de verdad

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A veces me siento tan sola que olvido qué día es y cómo deletrear mi nombre.”

Esta película intimista estadounidense nos muestra cómo ante sensaciones de completa soledad podemos llegar a recluirnos en nosotros mismos. Lars es un chico reservado que vive con su hermano y la mujer de éste, no se muestra hablador y evita profundamente el contacto con lo ajeno. Encerrando emociones, evita hablar, que le hablen, tocar, que le toquen… evita expresarse y contactar con los de fuera.

En ocasiones evitamos acercarnos a lo los demás por el miedo al juicio, al conflicto o a sentirnos atrapados de tener que ser de una determinada manera, así que a Lars se le ocurre una solución para poder contactar sin temor; un día aparece en su casa un envío a domicilio, es la persona perfecta, una muñeca hinchable llamada Bianca, con la que establecerá una relación de pareja. Lo que en principio parece un gesto enajenado o un delirio (como se define en la película), será una forma de contacto, reconocimiento, integración y expresión de sus propias inquietudes y emociones.

Y es que refleja una importante enseñanza: las etiquetas no nos definen, no somos de una determinada manera, por el contrario, nos relacionamos con el mundo como hemos aprendido, en ocasiones desde el miedo a descubrirnos a nosotros mismos y a ser vistos por los demás. ¿Nos aferramos al miedo o deseamos desear por encima de él?

Tímidos anónimos

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Su frase favorita era… ojalá no nos pase nada.

Otra pelicula sobre fobia social. El temor a la presencia, a la intimidad. Esta película francesa del 2010 en clave de humor nos habla de ese temor a encontrarse desnudo, tanto en sentido literal como figurado, que surge ante la posibilidad de establecer una relación de pareja.

Pese al título escogido, nuestros protagonistas no son tímidos sino que son personas que viven en una tensión casi permanente, divididas entre un deseo muy fuerte de amar, de trabajar, de existir, y algo que las retiene y las bloquea siempre, algo que se vive muy diferente de la timidez. Están llenas de energía y no están deprimidas ni son depresivas, simplemente están dispuestas a lo que sea para evitar lo que les da miedo.

Cambiarnos de camisa por temor a que nos vean sudando o prepararnos tarjetas con preguntas que hacer al otro por el pánico que nos reporta la idea de un vacío o silencio en la conversación son alguna de las estrategias que, producto de la angustia, se reflejan en el largometraje; estrategias que por otro lado les llevará a situaciones enredadas y cómicas.

Porque relativizar a través del humor es un recurso tan potente como beneficioso, aquí os dejamos esta recomendación que esperemos que os saque una sonrisa.