Bernard Madoff creó una empresa en 1960 que se dedicaba al asesoramiento e intermediación bursátil. Se especializó en operar con acciones, crear mercados y aconsejar a inversores, bancos e instituciones. Madoff llegó a ser uno de los inversores más activos de los últimos 50 años y fue considerado uno de los mejores de Wall Street, convirtiéndose en el gestor favorito  de los ricos de Florida y Manhattan. Pero esta ensoñación fructífera y triunfal se romperá cuando el 11 de diciembre de 2008 Bernard Madoff era detenido, se lo acusaba de estar al frente de uno de los mayores engaños de la historia.

Organizaciones benéficas, escuelas, celebrities como Steven Spielberg, y hasta sus hijos y su hermana, le habían dado su dinero. A estas alturas quizás estéis pensando ¿pero cómo iba a engañar a sus propios hijos? pues, simplemente, haciéndolo. Resulta curioso que para Senio Figgliozi (propietario de la barbería de Palm Beach (Florida) a la que el autor confeso del mayor timo de la historia solía ir a cortarse el pelo, afeitarse y hacerse la pedicura), Bernard Madoff era «un gentleman», asegurando que su cliente era un tipo generoso y educado. El fraude total alcanzó los 64.8 mil millones de dólares, y en junio de 2009 fue sentenciado a 150 años de prisión.

Quizás cuando estemos pensando en la palabra psicópata nos venga a la cabeza una imagen parecida a la de un asesino en serie, pero hay que saber que no todos los psicópatas son asesinos, éstos son una excepción social; sin embargo, y para nuestra sorpresa, hay un buen número de ellos liderando los consejos de administración y en los comités ejecutivos de las empresas. Estamos hablando de los psicópatas de cuello blanco.

Entonces, ¿Qué se considera psicopatía y cuál es su alcance?

Las primeras aportaciones que intentaban aclarar esta cuestión provienen de autores clásicos de la psiquiatría como Philippe Pinel, que calificaban a los psicópatas como personas que van en contra de las normas, empleando el término “locura sin delirio”, y enfatizando su falta de remordimientos y ausencia completa de restricciones.

El doctor Robert Hare se considera actualmente el teórico que más estudios ha aportado para la comprensión de la psicopatía. En 1976 Hare realizó una investigación en la que concluyó que no existe un solo tipo de psicópata, sino que dependiendo de la conciencia o empatía cognitiva y la conciencia o empatía moral de estas personas hay una clara distinción, y afirmó que “psicopatía no es sinónimo de criminalidad”.

A raíz de estos estudios también se distinguirá la existencia de los psicópatas subclínicos, que serían aquellos individuos que no hacen uso de violencia explícita y que no delinquen o, al menos, no son detectados por sus actos delictivos. Este grupo de personas es a las que se terminó considerando “psicópatas de cuello blanco” y que Robert Hare define como “algunos trabajadores informales y poco fiables, empresarios depredadores y sin escrúpulos, políticos corruptos o profesionales sin ética que usan su prestigio y su poder para victimizar a sus clientes”.

Para hacernos una idea de lo que estamos hablando: las personas que presentan rasgos de psicopatía representan el 1% del total de la población general mundial según las investigaciones más conservadoras; pero estos datos de incrementan hasta el 20% cuando se trata de directivos, según el estudio realizado por el psicólogo forense Nathan Brooks de la Universidad de Bond (Australia), que sería una persona de cada cinco en el mundo empresarial.

El líder: tripulando la nave.

«Gestionar es hacer correctamente las cosas, mientras que liderar es hacer las cosas correctas» decía Peter Ferdinand Drucker. Si aceptamos la anterior premisa, liderar requiere a quien lo hace que decida qué hacer, y para ello la persona debe gestionar habitualmente con la duda, la angustia y el miedo con el fin de conseguir sus objetivos. Gestionar correctamente estas emociones implica poseer un alto nivel de autoestima y asertividad, pero estos aspectos pueden ser variables y muchos factores pueden modificar nuestra conducta en cualquier momento.

En el ámbito más feroz del mundo empresarial y altas esferas parece reinar una filosofía en el que se considera a alguien válido para liderar si únicamente cumple con ciertos requisitos técnicos, como que la persona resulte carismática, persuasiva, ambiciosa, persistente, contundente, o con capacidad de oratoria y motivación… en donde el porqué de sus acciones o la dirección hacia a la que arrastra a los que le siguen poco importa. Si se prescinde de elementos éticos en el liderazgo, entenderemos porqué son habituales y triunfan éstas personas llamadas psicópatas de cuello blanco.

Cómo distinguir un psicópata de cuello blanco

Quizás una gran mayoría esté pensando que no es fácil dejarnos influenciar por alguien sin principios y al que no le importa el sufrimiento de los demás. Las investigaciones y la realidad nos demuestran lo contrario, veamos brevemente un par de ejemplos:

En 1963 el psicólogo Stanley Milgram realizó un experimento en el que participantes voluntarios debían administrar descargas eléctricas a otra persona -en teoría también voluntaria aunque realmente se trataba de un actor compinchado- si ésta se equivocaba en una tarea de memoria; aumentando su potencia a medida que se cometiesen los errores. Los resultados conmocionaron a todos: el 65% de los voluntarios administraron descargas que hubiesen supuesto la muerte del otro, simplemente con un «Continúe por favor» o «Es absolutamente necesario que continúe» por parte del investigador que tenían al lado si se negaban a hacerlo en determinado momento.

Adolf Eichmann, el que descolgaba el teléfono y los trenes se ponían rumbo a los campos de exterminio, es nuestro segundo ejemplo. Fue responsable de la muerte de 6 millones de personas a las cuales asesinaba sentado desde su escritorio. Cuando fue juzgado por sus actividades nazis en abril de 1961 según sus palabras ante el tribunal era «projudío», pero nunca permitió que sus convicciones «entrasen en conflicto» con los mandatos de sus superiores. «Sólo cumplía órdenes», dijo. Martin Levin, el corresponsal de Life en Jerusalén, que estuvo presente en el juicio lo definió como «Un buen orador, un tipo afable».

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Bernard Madoff (sentado, con traje oscuro) junto a su familia.

Un psicópata vestido con traje de autoridad es alguien con una gran capacidad de influencia sobre los demás, y un elemento peligroso y competente para crear una organización tendente a la psicopatía. En los ámbitos gerenciales y organizacionales se han normalizado las tomas de decisiones donde “el fin justifica los medios”, pero cuando éstas llega incluso a aplicarse en el ámbito personal e interpersonal debemos plantearnos la posibilidad de estar dirigidos por un psicópata para el que seremos simples objetos con los que alcanzar sus objetivos.

  • Estos psicópatas de cuello blanco tremendamente integrados en la sociedad no tienen una pérdida de contacto con la realidad, a diferencia de los psicóticos, son plenamente racionales y conscientes de lo que hacen y por qué lo hacen. Su conducta es el resultado de su elección, libremente realizada.
  • Son personas con un cociente intelectual alto. Demuestran amplios recursos cognitivos para manipular y engañar satisfactoriamente a los demás, así como una capacidad de toma de decisiones en situaciones de riesgo lo suficientemente buena como para evitar una detención y captura legales.
  • Tienen completamente bloqueadas sus emociones y presentan lo que se domina afecto plano. No sienten nada de nada, ni por nadie, así que no son empáticos. No se puede poner en el lugar de los otros, aunque gracias a sus rasgos manipuladores quieren parecer buenas personas, y lo consiguen.
  • Son narcisistas, pero alguien puede ser narcisista y tener un afecto normal, ya que el narcisista niega la pérdida de control y siempre quiere que lo elogien. Lo que comparte el narcisista con el psicópata es que no pone atención en el otro, piensa que nunca va a fallar y que tiene el poder.
  • Son las personas que en las empresas parecen ser perfectas, buenos jefes o jefas, excelentes progenitores, inteligentes, muy correctas, cordiales, aparentemente siguen las reglas, son encantadores, y desprenden seguridad y grandiosidad.

Aunque creas intensamente en las razones de tu superior, hay que tener en cuenta que los psicópatas son unos magníficos seductores y las personas que trabajan para él pueden llegar a ser sus víctimas. Generalmente eligen personas con tendencias evitativas, es decir, personas que no han solido tomar decisiones desde la infancia y en la etapa adulta evitan hacerlo por temor al error, no confrontan, no hacen sentir su punto de vista y ante figuras de autoridad no son capaces de decir “no”. El psicópata de cuello blanco sabe que si le planta un documento falso para que lo firme, un colaborador de estas características no se negará a hacerlo por el sufrimiento y miedo que le genera oponerse o confrontar con él, haciéndolo así partícipe del fraude y consiguiendo acercarse a su meta.