Ante una situación de desequilibrio o inestabilidad normalmente hablamos de “mareo”, pero no siempre es la forma correcta. El mareo y la visión periférica son síntomas de la ansiedad y sobre ellos hablamos en nuestro consultorio número 8. En el siguiente artículo de La Razón (ver completo aquí) aprenderemos a distinguir la diferencia entre si nos mareamos o si lo que padecemos es un episodio de vértigo.

Todo parece moverse alrededor, incluso el suelo bajo los pies. La sensación de indefensión es absoluta. La Asociación de Afectados de Trastornos del Equilibrio, Vértigos y Mareos (ATEVERMA) estima que una de cada 10 personas lo sufre de manera leve y dos de cada 100, de manera más intensa.

MAREO

La pérdida del equilibrio, la debilidad en las extremidades, la sensación de zumbido en los oídos y la dificultad momentánea para ver con claridad (que muchas personas describen como “luces centelleantes” o “algo que nubla la vista”) son los síntomas más habituales de un mareo.

Los mareos tienen múltiples causas, aunque casi todas están relacionadas con la circulación sanguínea y con las bajadas de tensión arterial. El calor, el estrés, los ambientes cerrados, la falta de hidratación, la sensibilidad ante ciertas imágenes (como ver una herida abierta, sangre o algo que produzca mucha repulsión) ocasionan muchas veces los mareos. También pueden producirse a raíz de una contractura en la zona de las cervicales o por ponerse de pie o erguirse de manera muy brusca. Los mareos pueden indicar también alguna afección cardiaca.

El mareo puede durar unos segundos o algunos minutos. En general, los episodios no tienen gravedad y se resuelven tumbándose y elevando las piernas, o sentándose y agachando la cabeza entre las piernas. El principal riesgo de un mareo es perder el conocimiento, caerse y golpearse en la caída contra el suelo u otro objeto que nos pueda lesionar.

VÉRTIGO

Todo parece girar. Se suele tener la impresión de que caemos o perdemos el equilibrio y se acompaña de náuseas y sudoración. Según el tipo de vértigo que se tenga, pueden haber problemas para enfocar la vista, zumbido en los oídos y pérdida de audición.

La mayoría de las veces, el vértigo se origina porque hay algún problema en el nervio vestibular, que está en el oído interno. Entre las causas más frecuentes del vértigo periférico, está el vértigo postural benigno, las lesiones (como un traumatismo craneal), la neuronitis (que es la inflamación del nervio vestibular y puede producirse, por ejemplo, por una infección), la presión sobre este nervio causada por algún tipo de tumor no canceroso, o la enfermedad de Ménière. El vértigo central está causado por un problema en el cerebro y puede deberse a una enfermedad vascular, la migraña, accidentes cerebrovasculares, tumores o esclerosis múltiple.

La sensación de vértigo puede durar segundos, minutos e, incluso, horas. En ocasiones, los episodios pueden producirse varias veces en el día o varios días seguidos, lo que supone un problema para la vida cotidiana.

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