En Octubre de 1980, Steve Titus fue detenido por la policía después de que una victima le identificara como autor de una violación. Titus tenía 31 años y dirigía un restaurante. Vivía en Seattle, Washington, estaba comprometido con Gretchen, el amor de su vida. Una noche, la pareja salió a cenar y cuando iban de regreso a casa los detuvo un oficial de policía. El coche de Titus tenía cierto parecido con un coche que antes esa misma tarde conducía un hombre que había violado a una mujer. Titus se parecía al violador. Así que la policía hizo una fotografía de Titus, la pusieron junto con otras y se las mostraron a la víctima. Ella señaló la foto de Titus y dijo, “ese es el más parecido“. La policía y la fiscalía iniciaron un juicio contra Steve Titus quien fue inculpado por violación. Cuando la víctima de la violación subió al estrado, dijo, “estoy completamente segura de que ese es el hombre“, Titus fue condenado y llevado a prisión.

¿Qué haríais vosotros en este punto? Titus perdió completamente su fe en el sistema legal pero tuvo una idea. Llamó al diario local, consiguió interesar a un periodista e investigando de forma conjunta lograron encontrar al verdadero violador. Un hombre que al final confesó la violación. Un hombre que creía haber cometido 50 violaciones en esa área. Cuando esta información fue presentada al juez, él liberó a Titus.

Elizabeth Loftus comenzó a trabajar en este caso, quería entender porque la víctima había pasado de “ese es el más parecido” a “estoy completamente segura de que ese es el hombre”. Mucha gente cree que la memoria funciona como un dispositivo de grabación. Sólo necesitas grabar la información, luego la buscas y la reproduces, como cuando quieres respuestas a preguntas o hay que identificar imágenes. Pero décadas de trabajo en psicología han mostrado que esto no es cierto. Nuestros recuerdos son constructivos, son reconstructivos. La memoria funciona como la página de Wikipedia, puedes ir y cambiarla, y también pueden hacerlo otros.

Formularos esta pregunta, ¿Con que exactitud somos capaces de recordar un evento?

El accidente de tráfico – Experimento

Primera parte

Elizabeth diseñó un experimento donde los sujetos tenían que ver un vídeo de un accidente de tráfico entre dos coches y seguidamente debían estimar a qué velocidad circulaba el coche causante del accidente (mediante una pregunta).

Participaron 45 estudiantes divididos en grupos. Utilizaron siete vídeos de accidentes de tráfico y la pregunta que se les hacía al final contenía diferente verbo según en qué grupo estuvieran. En un caso el coche se había “estrellado”, en otro había “colisionado”, “chocado”, “golpeado” o “contactado” con el otro vehículo. Verbos que implican diferentes grados de fuerza de esa colisión.

-“¿A qué velocidad iba el coche cuando se estrelló (colisionó, chocó, golpeó, entro en contacto)?

Los resultados indicaron que la forma en el que se les hacía la pregunta (en este caso el cambio de verbo) afecto sistemáticamente a la respuesta del participante.

Estrelló – 65.65 Km/h
Chocó – 63.23 Km/h
Golpeó – 61.30 Km/h
Colisionó – 54.71 km/h
Entro en contacto – 51.17 Km/h

Se concluyó que cuanto más “fuerte” era el verbo, mayor era la velocidad que decían recordar. Pero para poder hablar de cambios en la memoria del accidente como consecuencia de la sugestión hacía falta algo más. Por eso realizaron un segundo experimento.

Segunda parte

En este caso, presentaron a los sujetos participantes una película de una colisión entre dos coches y luego les pidieron que describieran el accidente y respondieran a unas cuestiones. Nuevamente, la pregunta clave se refería a la velocidad estimada de los coches, aunque en este caso solo se utilizaron dos verbos diferentes, estrellares y darse.

Una semana más tarde se les volvió a preguntar por varios aspectos del accidente, siendo la palabra clave: “¿Vio algún cristal roto?” y se podía contestar si o no. En la película no hubo cristales rotos en ningún momento, pero se esperaba que expresaba un impacto más violento diera lugar a estimaciones más altas, y como consecuencia directa o indirecta, a inferir con más frecuencia la existencia de cristales rotos. Efectivamente los datos apoyaron esas predicciones: los sujetos que estimaron una velocidad mayor cuando se utilizó el verbo estrellarse que cuando se utilizó el de darse, además de que también dijeron recordar haber visto cristales rotos, cristales que realmente no había.

memoria fiable

Falsos recuerdos

La interpretación de los resultados de ambos experimentos es que en la memoria de los sujetos se produce un cambio. Después de ver la película, el sujeto tiene en su memoria una representación del accidente, pero si después recibe información externa sobre el accidente (en este caso por medio de una pregunta), es posible que a la larga las dos clases de información lleguen a integrarse formando una representación única de memoria, que en realidad es una alteración de la representación original.

Lo que hacemos cuando recordamos no es sólo reconstruir los hechos sino también construir los recuerdos mismos, para lo que utilizamos tanto los vestigios que quedan en nuestra memoria de un suceso original, como otros muchos elementos de la más variada procedencia, entre ellos la propia información inducida.

Lo que estos estos estudios nos muestran es que cuando le das a la gente información errada acerca de alguna experiencia pasada, se puede distorsionar, contaminar o cambiar un recuerdo. En el mundo real, la desinformación está en todas partes. Nosotros recibimos desinformación no sólo si nos preguntan de manera sugestiva, sino también si hablamos con otros testigos que, consciente o inconscientemente, nos dan algo de información errónea. También si vemos una noticia en los medios acerca de algún evento que hemos experimentado, todos estos casos son oportunidades para este tipo de contaminación de la memoria.

¿Qué es un falso recuerdo?

Es un recuerdo de un evento que no ocurrió o una distorsión de un evento que ocurrió, según se puede saber por hechos corroborables externamente. Se sabe que la memoria sólo es confiable hasta cierto punto, bien sea por no recordar cosas que se saben, o por recordarlas incorrectamente. Nuestra memoria no es una reproducción fiel de sucesos y aprendizajes pasados. En función de nuestras necesidades y apetencias presentes, y sin advertirlo, añadimos y restamos información al recuerdo. Este, que fue creado en algún momento anterior a partir de una experiencia vivida y nítida, intensamente sentida, sufre una sucesión de retoques sutiles a lo largo del tiempo, según es convocado a la experiencia consciente de cada presente, según es evocado. Cada rememoración conlleva una transformación. Puede llegar un momento en que recordemos algo que, sencillamente, no sucedió o no nunca fue aprendido.

¿Cómo se crean los falsos recuerdos?

Hay probablemente diferentes procesos que nos llevan a desarrollar los distintos tipos de error de memoria. Si nos atenemos a los errores de la memoria autobiográfica (aquella que nos ayuda a recordar qué nos ha sucedido en nuestro pasado, en un momento y un lugar específicos), estos también pueden darse de diferentes maneras. A veces la gente no está segura sobre qué pasó y simplemente lo suponen, pero están equivocados. A veces las personas están expuestas a sugestiones engañosas y hacen uso de ellas para construir experiencias subjetivas que sienten como si fueran recuerdos reales. La gente puede crear sus propias imágenes mentales sobre el pasado, y después creer que estas reflejan experiencias reales, cuando no lo hacen. A veces esto ocurre en ausencia de sugestión externa, cuando la gente simplemente saca conclusiones sobre lo que podría haber ocurrido, y tales conclusiones se convierten en un “recuerdo”.

Entonces, ¿Cómo podemos estar seguros de nuestros recuerdos? ¿Cuán fiable es nuestra memoria?